En
cuanto a las piedras, el mármol es el ejemplo de sus atributos, su vitalidad
se pone de manifiesto en sus orígenes varios y
en su diversas clases de formas, por la ilimitada variación de hermosas
aplicaciones. Por su exuberante belleza y variedad cromática,
merece ser llamado la flor de la roca, cuyo singular atractivo y oculto
mensaje se engendra en las entrañas materiales de la tierra.
Tal vez
los antiguos romanos lo llamaron "Specularis Lapidis" (Plinio)
porque, desde tiempos inmemoriales, el
mármol ha sido el espejo imperecedero en el que se ha visto
fielmente reflejado el talento, la creatividad y la habilidad artesanal
y artística
de todos aquellos que, conscientes
de sus posibilidades de trascender, han depositado una parte de su
propia esencia en la gran obra colectiva de la humanidad.
